sábado, 21 de septiembre de 2013

Nunca llueve en el sur de California

Entre el océano Pacífico y el valle del río Colorado se esconde una tierra de contrastes. Desde las extensas playas de la costa hasta los áridos desiertos del interior, el sur del Estado de California es un canto de vida bañado por el sol dorado. Algunas de las industrias más innovadoras del mundo conviven con explotaciones más tradicionales de exquisitos vinos, y se funden en un paisaje que llena su paleta de tonos cálidos a medida que nos adentramos en su corazón. Extensas llanuras fértiles y concurridas playas conviven en una misma demarcación con la melancólica desolación  del valle de la muerte. Los antiguos misioneros españoles dieron nombre a algunas de las principales ciudades de este rincón circular del globo. Las colonias y hoy ciudades de Los Ángeles o San Diego han quedado como huella perenne de aquellos hombres, y recuerdo inevitable de la tierra hermana del sur, que tantos habitantes aporta al cosmopolita territorio. 

Muchas personas acudieron al dorado paraíso en busca de fortuna. Algunos encontraron su sueño, pero otros se tuvieron que conformar con espejismos de felicidad en al árido desierto. Albert Hammond, en aquel tétrico 1972, lo supo reflejar perfectamente. La historia figurada de un cantante que nunca triunfó, dejándose las fuerzas por el camino. Y, como es natural, una de mis canciones favoritas.











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